Principios de incertidumbre

Una parte de mí siempre desea comenzar de nuevo. Son momentos de indecisión, de dudas, de crisis. El mundo pierde su sentido y se queda sin direcciones que seguir. Desaparecen las señales, los caminos se hacen más oscuros. Ni siquiera sé bien dónde estoy: mi campo de visión se estrecha, la neblina se extiende. Detrás, ni siquiera distingo mis propias huellas de las demás. Pierdo mi identidad. No sé si me he equivocado. Retroceder lleva mucho tiempo.

Sería injusto que a estas alturas pretendiera lo mismo que otros que se han esforzado mucho más que yo. Hay quien nunca se asusta, quien nunca se equivoca. Para ellos no es demasiado tarde. Yo les envidio, estoy orgulloso de sus aciertos. Casi siempre tienen razón.

Por mi parte, reconozco el cansancio de todos los miembros de mi cuerpo. Aún no sé lo que quiero. Tal vez un trabajo de despacho, un puesto de funcionario, una nómina. Más seguridad, y olvidarme un poco de lo que soy. Limitarme a una serie de responsabilidades, con una serie de objetivos que cumplir, dentro de un equipo, sin perder de vista el calendario. No quiero avanzar por avanzar, alocadamente. Deseo tener mi propio espacio, mi fortuna, ocuparme de las cosas que me interesan.

Necesito participar mucho más del sistema. Es lo único que me proporciona cierta tranquilidad. Estar fuera es demasiado sacrificado. Además, no tiene ningún valor; no se paga, ni sirve para nada. Yo quiero una familia numerosa, disfrutar de las mismas cosas que los demás. No soy ningún fundador, ningún general, ningún protohombre, y tampoco me siento con las fuerzas necesarias para viajar. Estoy harto de la gente como yo. Sospecho de mis ideales, de mis valores. La vida es una cosa bastante sencilla. Ya veremos hasta dónde me la complico. Esto acaba de comenzar.

Tengo ganas de llorar, estoy triste, turbado, deprimido. Ojalá no sea cierto eso de que cada uno tiene lo que se merece. No quiero merecerme lo que soy: sería demasiada responsabilidad.

(Tendría que estar más tiempo con la persona que amo. A través de sus ojos podría comprender lo que me ocurre.)

Que no cunda el desánimo. No dejes que te devoren. Reclámales lo que te deben. Llámales. Insiste, sé molesto. Hasta que se cansen de ti y te hagan caso.