El fin de «Dictados»

Voy a quemar unos poemas alucinantes que hizo un amigo en una etapa muy fecunda de su vida. Él así me lo ha pedido, y voy a respetar su voluntad. No quiero entrar en los motivos por los que quiere hacer desaparecer una obra de tanta calidad; no soy quien para meterme en sus decisiones.

Max Brod traicionó a Kafka cuando no quemó todas las obras que el otro le dijo que destruyera. Así, publicó sus Diarios, El Castillo, La Condena, y otros textos, sin su consentimiento, y aunque la humanidad se haya beneficiado de ello, lo cierto es que traicionó a su amigo.

Barba Azul no quiere ser ningún traidor, y quemará los libros de poesía en la chimenea del salón. Probablemente llore cuando los vea arder, pues piensa que tardará mucho en leer otros poemas tan espléndidos, complejos y sustanciales.

Cuando los versos de mi amigo se conviertan en ceniza, irán después al aire, y allí permanecerán en forma de polvo durante muchísimos años. Tal vez incluso lleguen a transmitirse de boca en boca, y de generación en generación.