Arte criptográfico

Con la inocente apariencia de una serie de tiktoks, estas obras de arte total reflexionan sobre la epidemia que ha asolado la Humanidad desde una perspectiva científica y filosófica. La Naturaleza, el Hombre y la Nada se dan cita en un formidable juego de imágenes, sonidos y palabras en busca de una memoria perenne que no olvide lo sucedido, con el fin de que sepamos a qué enfrentarnos en caso de un nuevo asedio posterior. En este sentido, constituyen una Revelación que profundiza sobre el destino del ser humano y, en general, de la vida sobre la Tierra.

Están pensados y escenificados en las peores horas de la enfermedad, cuando no había vacunas ARN, cientos de personas morían a diario en los hospitales, y miles de bocas y narices respiraban coronavirus y se los contagiaban asintomáticamente al prójimo que se encontraba a un aerosol de distancia. Es el testimonio de una gravísima pandemia y de una amenaza que fue y continúa siendo real.

Desde el punto de vista artístico, he intentado fijar el Concepto mediante la tríada hegeliana de Tesis, Antítesis y Síntesis, desarrollándose hasta dar lugar a una bella Esperanza. A lo lejos, fruto de una educación esmerada y exigente, percibo influencias de Orson Welles, Esquilo, Ingmar Bergman y Anaximandro. Ojalá disfrutéis de estos tokens criptográficos y no fungibles, ¡oh sistemas inmunológicos!

1. El amparo de Amón Ra

Creo sinceramente que este trabajo es uno de los primeros NFTs reales de la Historia de la Humanidad, siempre que entendamos por NFT, más allá de su definición formal, una verdad digital que se incorpora a una cadena de bloques minados colectivamente. En la medida en que ese activo digital sea verdadero subirá su valor a medida que el tiempo transcurra, pues permanecerá en el devenir sin desgastarse.

Así pues, he pretendido crear arte, es decir, crear una verdad perceptible por los sentidos, sin que sea necesario que se corresponda con un objeto físico, pues la realidad sensorial va más allá de las sustancias corporales (aristotélicas), ya que lo que se presenta y afecta a los órganos de los sentidos no está limitado ni por el espacio ni por la corporeidad. Es decir, un espacio virtual puro puede existir y provocar una serie de reacciones en el sujeto que percibe; incluso puede hacerle penetrar en la verdadera realidad de las cosas, más allá de su apariencia.

Desde el punto de vista material, el contenido de esta obra hace referencia a la pandemia que ha asolado a la Humanidad y a la primera reacción lógica que se produjo en los hombres, en un momento en el que no había vacunas para hacer frente a los coronavirus. Nuestro adorable Sol se presenta como salvador -o al menos, mitigador- de los efectos de la enfermedad y nos da la oportunidad de repensar nuestras vidas veraniegas después de la angustia psicológica debida a los meses de confinamiento.

2. Más allá de la máscara humana

En esta segunda entrega, que constituye la síntesis de la serie, se ha descubierto una verdad científica que no está publicada en ninguna revista especializada: ha sido un NFT el que por primera vez contiene una verdad incuestionable, fruto de largos meses de reflexión acerca de la naturaleza de los virus. Ya que son entidades azarosas sin voluntad, dirección ni instinto de movilidad, su presencia es sin duda anterior al surgimiento de la vida, puesto que representan fragmentos mecánicos de cadenas que no llegaron a constituir el ADN definido de las células más desarrolladas.

Ya sean vistos como restos de cadenas más complejas, o como eslabones necesarios para el ascenso evolutivo a la construcción de las proteínas, la formación de la vida tuvo en cuenta necesariamente la posibilidad latente de ser destruida con la entrada y reduplicación de estas entidades sin finalidad ni intenciones, sometidas a la selección natural indirectamente a través de la materia orgánica sobre la que actúan y donde tienen sentido exclusivamente.

El vídeo afirma con rotundidad, a través de un ser humano característico y bastante asustado, que cualquier forma de vida tuvo que empezar siendo un sistema inmunológico apropiado para la defensa de estas entidades llamadas virus. Antes que protegerse contra cualquier otra cosa, la vida tuvo que prever la peor de sus amenazas: la destrucción de todo su complejo edificio mediante el borrado sistemático de la multiplicidad de sus células. ¡El primer ser vivo fue un sistema inmune! ¡Esta verdad merece formar parte de la cadena Ethereum, dándole un valor como custodio de una autenticidad descubierta y pensada por y para ella!

3. «Soy el que no soy»

En silencio, tenebroso, sobre un fondo abigarrado y multiforme de grises, verdes, rojos y amarillos, sometido a un movimiento inercial, errante y sin vida, el propio coronavirus nos confiesa la verdad de su ser: no es nada.

Se multiplica y refleja en miles de copias, pero no contiene ninguna función propia de los seres vivos: ni come, ni ve, ni apetece, ni es afectado, no se dirige hacia ningún lugar (sólo se encuentra en algún sitio). Carece de intenciones, de estrategia, de funcionalidad propia. Es un robot natural, que reacciona mecánicamente cuando se une a los receptores celulares: no puede hacerlo de otra manera. Así, resulta ser el gran corrector de la materia orgánica, el lento borrador del exceso de vida.

La antítesis niega el ser primordial, lo regula y no deja que llene toda la esfera del Ser. El No-Ser vírico actúa como la muerte que impersonalmente da a cada cual lo suyo, actuando justamente y reequilibrando la naturaleza según una ley cósmica. Pero lo hace sin tener ninguna conciencia de ese proceso. Es lo quiere señalar este vídeo mágico y desasosegador.