Comentarios de texto

Nietzsche

Puntuación: 4 de 5.

Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin en niño […] (1) ¿Qué es pesado? así pregunta el espíritu paciente, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que se le cargue bien […] ¿Acaso no es: humillarse para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia tontería para burlarse de la propia sabiduría? […] Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu paciente: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto. (2) Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa, y ser señor en su propio desierto. Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria. ¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? “Tú debes”, se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice “yo quiero” […] Crear valores nuevos -tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad para un nuevo crear- eso sí es capaz de hacerlo el poder del león. Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león […] (3) Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacerlo? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño? Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir […] (4) Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño. (1)

(F. NIETZSCHE, Así habló Zaratustra, Madrid, Alianza, 1984, pp. 49-51).

Retrato de Nietzsche

Contexto: La época de Nietzsche (finales del s. XIX) se caracteriza por las unificaciones alemana e italiana, el avance de la democracia, la lucha del movimiento obrero, el impacto de “El origen de las especies”, de Darwin, y la música de Wagner.

Tema: La superación de las viejas tablas morales.

Ideas principales:

  1. El espíritu humano es un puente hacia el superhombre.
  2. El camello carga con las tablas de valores basadas en la existencia de dos mundos, lo cual es un error y una “tontería”.
  3. El león representa el “Yo quiero”, y se enfrenta al monstruo de la Ética.
  4. La inocencia del niño crea valores nuevos y ama el eterno retorno de su ser.

Relaciones entre ideas:

Este texto es más expositivo que argumentativo, i.e., trata de explicar más que de concluir ideas, debido a la naturaleza “mitológica” del relato, cargado de simbolismos. La secuencia lógica de ideas sigue el proceso de transformación:

TextoIdeaTransformaciónActividadNihilismoTiempo
“Tres transformaciones (…) niño”:1    
“¿Qué es pesado? (…) desierto”:2CamelloCargaPasivoLineal
“Pero en lo más solitario (…) es preciso el león”:3LeónLuchaActivoLineal
“Pero decidme (…) un santo decir “sí””:4NiñoCreaCircular
“Tres transformaciones (…) niño”:1    

Semánticamente (en cuanto a contenidos), la relación lógica podría ser la siguiente:

1 → (2 ˄ 3 ˄ 4): La posibilidad del superhombre exige una serie de transformaciones.

(2 ˄ 3 ˄ 4) → 1: Las transformaciones harán real al superhombre.

Explicación:

El camello es un animal de carga con un espíritu fuerte, paciente y respetuoso, cargado de valores heredados y prisionero de la metafísica de los dos mundos, uno sensible-imperfecto y otro espiritual-perfecto. Representa al hombre moral, que no ha superado el bien y el mal del persa Zaratustra o del griego Platón. Sin embargo, siente angustia ante la verdad: no hay ningún “más allá”, no hay un valor absoluto que dé sentido al mundo y a la vida, “Dios ha muerto”. Cuando el nihilismo pasivo es máximo y la capacidad de aguante del camello se ha rebasado, en la soledad del desierto, aparece el león, exclamando un “¡no!” rotundo.

El león quiere ser libre, y se enfrenta a un último dios: la conciencia moral, el deber, las obligaciones. Luchan el “Yo quiero” contra el “tú debes”, dragón que representa el valor en sí, la Ética, las tablas de valores anteriores: el cristianismo, el socialismo, la moral democrática, las utopías y, en general, las morales de los esclavos (schlecht). El león es un nihilista activo, lucha por situarse “más allá del bien y del mal”, y crea el espacio de libertad para que surja el niño.

El niño, por último, representa al superhombre (Übermensch) que quiere lo bueno y lo malo de la vida, con sus peligros, se llama a sí mismo “bueno”, y es inocente, “como el devenir”. Tiene una moral de señores y quiere el eterno retorno de su presente, pasado y futuro. El león decía “no”; el niño dice “sí”, no tiene prejuicios morales, se da su propia tabla de valores. Se crea a sí mismo, mediante su voluntad de poder.

Actualidad:

La época del nihilismo es la época de la muerte de Dios, la ausencia de un valor fundamental que dé sentido a la existencia humana (a pesar de que haya una multiplicidad de motivos y razones para vivir). Nietzsche es un precursor del aturdimiento del ser humano contemporáneo, en su búsqueda de una meta en la historia que posibilite la medición de su progreso. El desvanecimiento de las utopías e ideales da paso a un mundo relativizado donde las luchas por el poder desencadenan múltiples centros de control sin un supervisor o guía global que evalué el cumplimiento de una serie de normas comunes y obligatorias deseables por sí mismas.

Por un lado, es más necesaria que nunca una moral de mínimos, pero por otro el establecimiento de unas reglas básicas de convivencia no logra sustentar una ética humana avanzada integral y globalizada que sería propia del siglo XXI, el cual, desnortado y con ansias de contingencia, huye hacia el abismo del convencionalismo y de la exterioridad que no obliga interiormente.