Comentarios de texto

Aristóteles

Puntuación: 2 de 5.

El hombre, es por naturaleza, un animal cívico] (1) […] La razón de que el hombre sea [un ser social, más que cualquier abeja y que cualquier otro animal gregario] (1), es clara. [La naturaleza, pues, como decimos, no hace nada en vano.] (2) [Sólo el hombre, entre los animales, posee la palabra.] (3) [La voz es una indicación del dolor y del placer; por eso la tienen también los otros animales. (Ya que su naturaleza ha alcanzado hasta tener sensación del dolor y del placer e indicarse estas sensaciones unos a otros.)](4) En cambio, [la palabra existe para manifestar lo conveniente y lo dañino, así como lo justo y lo injusto.] (5) [Y esto es lo propio de los humanos frente a los demás animales: poseer, de modo exclusivo, el sentido de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, y las demás apreciaciones.](6) [La participación comunitaria en éstas funda la casa familiar y la ciudad.](7)

(ARISTÓTELES, Política, trad. de Carlos García Gual, Madrid, Alianza, 1986, libro I, cap. 2, pp. 43-44).

Contexto: Aristóteles vivió en el siglo IV a. de C. Fue discípulo de Platón y tutor de Alejandro Magno. Se sitúa en la transición de la polis al Imperio, de la Grecia Clásica al Helenismo.

Tema: El hombre como animal social.

Ideas principales:

  1. La esencia del hombre es ser un animal social, un ciudadano.
  2. Todo lo que existe de forma natural tiene una finalidad.
  3. Sólo el hombre tiene lenguaje.
  4. La función de los sonidos animales es transmitir una sensación común (propia de cada especie) del dolor y del placer.
  5. La función del lenguaje es comunicar lo conveniente y lo dañino, lo justo y lo injusto.
  6. El hombre, además de distinguir entre lo que le gusta y lo que le disgusta, distingue entre el bien y el mal.
  7. El conocimiento y la práctica en común de la justicia y del bien produce la familia y, finalmente, el Estado.

Relaciones entre ideas:

La idea número 1 es la tesis principal del texto, la idea que se trata de demostrar. 2 es una premisa fundamental tomada de su Metafísica: aplicada al reino animal da lugar a 4 y, junto al hecho número 3 (la existencia del logos en el hombre), da lugar a 5 y a 6. La idea 7 exige no sólo conocimiento del bien común, sino su práctica. En tal caso, de 6 y 7 se concluye 1. En símbolos:

2 → 4

(2 ˄ 3) → (5 ˄ 6)

(6 ˄ 7) → 1

Explicación:

Para Aristóteles, todo ser que existe por naturaleza tiene una única función y está sometido a un proceso de cambio en dirección a la perfección que le pertenece por su especie. Esta predeterminación del desarrollo de una sustancia por la meta a la que tiende se llama “teleología” (de telos, finalidad). Los animales gregarios se unen instintivamente para formar comunidades donde lo que prevalece es la sensación común, propia de cada especie, de lo agradable y desagradable. Son “sociedades” donde falta la distinción entre lo justo y lo injusto, entre el bien y el mal, propia del ser humano: no llamamos malvada, ni injusta, a la araña que se come a la mosca, pero sí al asesino que bombardea una población civil. Además, el hombre sabe cuando tiene que hacer algo aunque le disguste, porque le conviene, y cuando tiene que dejar de hacer algo, aunque le guste, porque es dañino para él. Otra cosa es que, aun sabiendo dónde está el bien, elija, por falta de voluntad ética, el mal: para Aristóteles, a diferencia de Platón y Sócrates, no basta conocer el bien para hacer el bien.

Pero, ¿por qué la palabra permite al hombre fundar familias, tribus, aldeas, hasta llegar a la ciudad-estado, a una Constitución política, donde se realiza como ciudadano? La comunicación animal existe: comparten sensaciones, de manera que pueden participar de una acción instintiva en bloque. Ahora bien, sólo la razón, el lenguaje, permite acceder a lo universal, a la ley, como resultado de la participación humana en el logos, y que señala el bien común, lo que une a todos los ciudadanos por encima de sus intereses particulares y lo que les hace libres e iguales en derechos y deberes fundamentales. Precisamente lo que caracteriza a un ciudadano, según Aristóteles, es su participación en los poderes legislativo y judicial del Estado, en la elaboración de las leyes y en su aplicación.

Puesto que “el todo es superior a las partes”, la ciudad-Estado es la causa final de las demás asociaciones humanas, lo que les da una función general a las cuales se supeditan. La polis es un proyecto de futuro, una voluntad de convivencia, donde cada parte participa del bienestar general: los hombres no se reúnen en la polis para firmar un pacto de no agresión, o formar un mercado económico, sino para decidir juntos lo que quieren ser y completar así su esencia racional, social, civilizada y política. De aquí la definición del hombre como ciudadano, como animal cívico. Y quien vive al margen de los demás, creyéndose autosuficiente, “es una bestia o un dios”: con ello renuncia a la felicidad, a la mejor vida posible para el hombre, al fin por encima del cual ya no hay más fines.

Actualidad:

Distintos experimentos de la psicología conductista (Pavlov, Skinner) han tratado de borrar la diferencia entre hombre y animal, demostrando que el conocimiento que el ser humano tiene del bien y del mal es el resultado de un proceso de aprendizaje basado en premios y castigos, y, por tanto, en el placer y en el dolor. Este condicionamiento E-R (Estímulo-respuesta) anularía las ilusiones que se hace el hombre acerca de su libertad, de su conciencia moral, que quedaría como un mero prejuicio, como algo que impide programar, por ejemplo, una sociedad perfecta donde no existan conflictos.  Sin embargo, a mi juicio, es bastante difícil creer que el hombre, por muy condicionado que esté por el ambiente y la educación recibida, tenga que estar determinado a obrar de una manera o de otra. El comportamiento humano no es previsible como el de una rata o un perro, y su capacidad de elegir entre lo justo y lo injusto, tal vez más que nunca, sigue presente en la actualidad. Decir que el hombre conoce el bien instintivamente, por medio de sus sensaciones, equivale a negar la existencia de un bien común, objetivo, universal, al cual debería tender la sociedad; con ello eliminaríamos la propia idea de progreso y la política no tendría ningún sentido. En conclusión, pienso que el hombre sigue siendo un ser racional, no meramente sensitivo, y que esa conciencia ética común es la condición necesaria no sólo para su supervivencia, sino para su felicidad.