Comentarios de texto

Maquiavelo

Puntuación: 1 de 5.

Pero, siendo mi propósito escribir algo útil para quien lo lea, me ha parecido más conveniente ir directamente a la verdad real de la cosa que a la representación imaginaria de la misma. Muchos se han imaginado repúblicas y principados que nadie ha visto jamás ni se ha sabido que existieran realmente] (1); [porque hay tanta distancia de cómo se vive a cómo se debería vivir, que quien deja a un lado lo que se hace por lo que se debería hacer, aprende antes su ruina que su preservación:] (2) [porque un hombre que quiera hacer en todos los puntos profesión de bueno, labrará necesariamente su ruina entre tantos que no lo son.] (3) [Por todo ello es necesario a un príncipe, si se quiere mantener, que aprenda a poder ser no bueno y a usar o no usar de esta capacidad en función de la necesidad.] (4)

(MAQUIAVELO, El príncipe. Trad. M. A. Granada, Madrid, Alianza, p. 83).

Retrato de Maquiavelo

Contexto: Maquiavelo es un filósofo político florentino de los siglos XV y XVI, en pleno Renacimiento. Su objetivo era la búsqueda de la unidad y libertad de su país, en una época en la que Italia estaba divida en pequeños estados y sufría las invasiones de España y Francia.

Tema: Separación entre ética y política

Ideas principales:

  1. En política, hay que ser realistas, no utópicos.
  2. No tendrá poder quien anteponga “lo que debe ser” a “lo que es”.
  3. La virtud ética puede ser un vicio político
  4. Un líder político tiene que estar más allá del bien y del mal.

Relaciones entre ideas:

TextoIdea correspondiente
“Pero, siendo (…) existieran realmente”:1
“porque hay tanta distancia (…) preservación”:2
“porque un hombre (…) no lo son”:3
“Por todo ello (…) necesidad”4

Estructura del texto: 1 – 2 – 3 – 4

Relaciones lógicas (donde “x → y” significa que x es premisa para la conclusión y):

3 → 2

2 → 1

(1 ˄ 2 ˄ 3) → 4

4 es la conclusión final, a la que se llega a través de las anteriores. 3 explica 2 y 2 explica 1.

Explicación:

Para Maquiavelo, la razón de Estado exige un gobernante político con conocimiento de los hechos y de la historia, bien asesorado por técnicos con experiencia política, con el fin de no cometer errores debidos al desconocimiento de las causas por las que se mueven el poder y las pasiones humanas. Las utopías nos dibujan paraísos sociales donde no hay conflictos y todo se resuelve racionalmente; pero los hombres no son perfectos, y hay que fijarse en lo que efectivamente hacen, no en lo que deberían hacer, ya que en la naturaleza humana no dominan precisamente el altruismo, el amor, la caridad, o el respeto. Tratándose de líderes políticos, hábiles negociadores que sólo tienen en cuenta sus intereses particulares, parte con desventaja quien ve limitadas sus decisiones por criterios éticos.

Porque en política, el fin justifica los medios, aunque esos medios no estén bien vistos desde el punto de vista de la moral o de la religión del pueblo. Lo que parece ser una decisión inmoral puede ser beneficiosa para el Estado, así como una acción “buena” puede ser fatal para el conjunto de la población. El dirigente político (el príncipe) debe tener un determinado perfil: carismático, astuto, prudente, hábil: sus decisiones tienen que ser tomadas a partir de las circunstancias del momento, teniendo en cuenta las consecuencias que producirán; y, desde luego, si quiere mantenerse en el poder, a veces tendrá que tomar decisiones duras, impopulares, como sofocar una rebelión, declarar la guerra, manipular a la opinión pública, usar la religión o los ejércitos, o traicionar a un aliado. En definitiva, debe saber “entrar en el mal”, si la coyuntura política así lo exige.

Actualidad:

En la actualidad, para quienes no nos dedicamos a la política profesionalmente, puede ser muy difícil de entender que el poder ejecutivo, en ocasiones, no esté sometido al poder judicial. La igualdad ante la ley, presente en todas las Constituciones democráticas contemporáneas, exige el mismo trato tanto a políticos como al resto de ciudadanos. De hecho, en España importantísimos cargos del Estado han sido imputados y condenados por delitos muy graves como en el caso GAL, por ejemplo, donde se utilizaron ilegalmente los fondos reservados y se contrataron mercenarios para la lucha contra ETA. También repugna a nuestro espíritu contemporáneo pensar que los políticos puedan engañar a la opinión pública (negociando a escondidas con terroristas, por ejemplo), utilizando los medios de comunicación afines a sus partidos, o que la guerra sea un instrumento más de la política (Guerra de Irak), cuando la vida de seres humanos está en juego. En estos casos, el fin no justifica los medios.

No obstante, es evidente que Weber (siguiendo aquí a Maquiavelo) tiene razón cuando dice que la ética del líder político es muy diferente a la ética de un científico, por ejemplo. El poder tiene reglas distintas, y las personas con responsabilidad pública tienen que tener una visión más amplia de la realidad que los ciudadanos que carecen de esa responsabilidad. No todo el mundo es capaz de tomar decisiones y asumir riesgos en un mundo donde la incertidumbre y el azar (“la fortuna”, que diría Maquiavelo) luchan contra la planificación racional humana. En este mundo globalizado, la política es un lucha de centros de poder donde los Derechos Humanos o la moral religiosa brillan por su ausencia, a no ser que sean útiles para determinados objetivos políticos. No todos valemos para aceptar esto.