El Castillo de Barba Azul

¡Menuda pesadilla!

Anoche tuve un sueño espantoso: se me aparecía David Carradine, el de la serie “Kung Fu”, y me decía, apuntándome con el dedo:

-No te enteras de nada, Pequeño Saltamontes. Yo no soy feliz porque viva de las limosnas del pueblo, ni porque me pase las tardes guiñando el ojo a las turistas que visitan el Templo; te aseguro que nada de esto compensaría el frío que se me cuela entre los pliegues del hábito cuando los vientos del Himalaya entran en el Monasterio y me dejan la calva cerca del punto de congelación. No, mi bienestar se debe más bien a que conozco las Artes Marciales: Kempo, Pa Kua, Wing Chun, Wushu, Taekwondo, Judo, Tai Chi, Aikido, Aikijutsu, Jujutsu, Ninjutsu, Karate, Hapkido, Kumdo, Tang Soo Do, Kung Fu, Kickboxing, etcétera. Mediante su práctica siento que mi alma rejuvenece y vuela hacia lo alto, cerca de la plenitud. Entreno con un enorme gong que cuelga del techo y que trato de alcanzar con múltiples patadas, saltos y volteretas. Mis chanclas muchas veces salen despedidas y más de una vez han terminado en la boca de otro monje, o en la sopa de la que comemos todos. A veces cojo una larguísima vara de roble blanco y me lío a repartir mandobles al aire, encima de una piedra situada al borde de un precipicio. Mis movimientos son entonces rápidos y certeros, y los acompaño de grititos bruceleenianos como “¡Iá, Iá!”, “¡Guá, guá!”, “¡Raka, oiá, uh, uh!”. Así comprendo la Unidad que impera más allá del Ying y del Yang, e incluso llego a confundirme con la Armonía del Universo. Suelo ser pacífico; pero, por supuesto, cuando hay que repartir se reparte: a veces no queda más remedio, y -ya puestos- hay que demostrar lo que uno ha aprendido.

Averígüelo Vargas –dije yo, sorprendentemente.

Y entonces el Carradine me dijo:

-En guardia, chico. Voy a darte un par de castañas. Para que luego lo cuentes.

-¡No, no, no! –grité yo, desconcertado-. Y según me llegaba el primer tortazo, salí de la pesadilla con un gran sofoco.

“Hay que ver cómo son estos jodidos sueños”, pensé después, más calmado. “Te transportan a un mundo mágico donde todo lo que te dan te lo quitan por otro lado.”