¿Qué es esto de la Filosofía?

8. El asombro

La Filosofía, siempre se ha dicho, nace del asombro. El asombro va más allá de la mera curiosidad por una cosa. Tiene que ver con la admiración, con la sorpresa, con la idea de que ha ocurrido algo para lo que de momento no tengo una explicación.

Habitualmente, estamos ocupados en las cosas. Estamos inmersos en una serie de rutinas más o menos previsibles. Lo cotidiano, el día a día, se caracteriza por estar de alguna forma controlado, localizado: sabemos, en principio, qué nos vamos a encontrar y con quién.

El asombro es una salida de la rutina, de lo cotidiano. Surge ante lo extraordinario, ante lo que no se espera. Un día, puede sorprendernos la muerte de algún ser querido. Éste es un hecho que nos saca violentamente de lo que hasta entonces eran nuestros límites del conocer. El nacimiento de un ser, la visión de algo hermoso (una ciudad, un monumento, un hombre, una mujer, una obra de arte) también puede sacarnos de lo habitual, de aquello a lo que ya estamos acostumbrados.

Asombrarse es reconocer la propia ignorancia. Uno de los primeros filósofos, Sócrates, decía: “Sólo sé que no sé nada”. Esto no es una falsa humildad, sino una actitud que indica que se está siempre preparado para el asombro. Aristóteles dice:

“Quien se encuentra admirado no sabe”

Y el gran pensador Wittgenstein enseña:

“Quien contempla el objeto, no tiene por qué estar pensando en él; pero quien tiene la vivencia visual cuya expresión es la exclamación, ése piensa también en lo que ve”

Para pensar una cosa, antes tenemos que habernos sorprendido ante ella. Es normal entonces que la Filosofía surja del asombro. Quien no se asombra ante nada -quien ya se lo sabe todo- ya no aprende más: le basta con lo que tiene; su crecimiento personal se ha detenido. 

Aristóteles cuenta de la forma más sencilla cómo surge la Filosofía:

“Los hombres han comenzado a filosofar, tanto ahora como en los orígenes, debido a la admiración: al principio quedaban admirados ante las dificultades más sencillas, pero después, avanzando poco a poco, llegaron a plantear problemas cada vez mayores, como los problemas referentes al origen de todo el universo”.

Uno se empieza asombrando de lo que ocurre a su alrededor; es un asombro por las cosas más pequeñas, por las que le tocan de cerca y que nunca se había detenido a pensarlas. Cuando se asimila lo “extraño” del entorno más próximo, uno puede plantearse problemas más generales, preguntas más amplias. Al asombro siempre siempre le acompañan una serie de preguntas: “¿Por qué? ¿Cómo ha ocurrido esto? ¿Cómo funciona esta cosa? ¿Cuál es su causa? ¿A qué se debe?” Estas son las preguntas que se hicieron los primeros pensadores griegos, y que también debemos hacernos nosotros.

La Ciencia también nace con la pregunta al por qué de las cosas. Filosofía y Ciencia van de la mano; es una actitud. Un gran científico se plantea problemas que antes otros no veían. El asombro es también la causa de la ciencia. Las ciencias son filosóficas porque si no, simplemente, no avanzarían, no progresarían, lo que equivaldría a su desaparición.

Ahora bien, la Ciencia es una respuesta al “por qué”. ¿Cómo funciona el sistema solar? Y Newton da una respuesta. Las ciencias trabajan, en un sentido, para quitarnos el asombro, para hacer desaparecer las preguntas, para volver a la normalidad, a lo cotidiano, a lo controlado, a lo ya conocido. En este doble movimiento de asombro (pregunta) y desaparición del asombro (respuesta), las ciencias encuentran su desarrollo y su progreso.